jueves, 15 de noviembre de 2012

Un día cualquiera

    Unas pequeñas zapatillas se movían en la penumbra de la casa. Se dirigían con soltura al lugar donde su padre - cada vez con más frecuencia - tecleaba sin parar. Allí estaba, una vez más, hablando con el ordenador grande. A sus tres años asumía con toda naturalidad que se pudiera hablar con el ordenador grande, y con el pequeño, y con el mediano... y hasta con Josefa, que además sabía llevarte a todos los lados. Aunque el ordenador grande tenía algo especial.
- Aita, ¿puedo jugar al come-cocos?
- En un rato, mi niño. Ahora estoy trabajando. - El pequeño miró con los ojos muy abiertos a la pantalla. Aquello estaba lleno de letras de distintos colores. Sentía curiosidad. Le gustaban los colores.
 - ¿Estás pintando?
- No cariño, le estoy enseñando a Josefa a hacer una cosa. - El niño observó con detenimiento el móvil que estaba sobre la mesa conectado con un cable al ordenador. A continuación contempló el monitor.
- ¿A dibujar?
- No, mi amor. ¿te acuerdas que el otro día el coche tenía sed y tuvimos que parar a echar gasolina?
- Sí - dijo asintiendo con la cabeza.
- Pues estoy enseñando a Josefa dónde están todas las gasolineras. ¿Quieres saber cómo se hace? - El hijo nuevamente accedió con la cabeza. Confiaba en que, con un poco de suerte, le dejara jugar.
- Hay unos señores que todos los días ponen papeles en una caja en Internet.
- ¿De qué color es la caja?
- Verde.
- ¡Qué bien! ¡Tu preferido!
- Sí, lo es. Y ¿sabes lo que escriben en esos papeles?
- No.
- Escriben los nombres de todas las gasolineras. Y también los precios de la gasolina. Lo que he hecho ha sido abrir una cajita azul para guardar esos papeles.
- ¿Por qué has abierto una caja nueva?
- Porque a veces hay mucha gente a la vez leyendo los papeles de la caja verde, y nosotros no queremos molestarles. Además, dejaremos nuestra caja abierta, para que todo el mundo pueda leer lo que hay dentro.
- ¿Y esas letras? - dijo señalando al monitor.
- Éstas le explican a nuestra cajita azul cómo copiar todos los papeles de la caja verde a la nuestra. - El niño observaba de soslayo el teléfono. Intentaba adivinar qué tenía que ver todo aquel galimatías de cajas con el móvil. Su padre continuó.
- Más tarde, cuando le digamos a Josefa que queremos gasolina, abrirá nuestra cajita azul, cogerá los papeles de las gasolineras que están más cerca de nosotros, y nos dirá cómo llegar a cada una. ¿Lo has entendido?
- Sí, aita... ¿ya puedo jugar al come-cocos?
- Claro, mi niño. Ven aquí. - Dijo el padre mientras le sentaba en su regazo.

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